Municipio El Callao

Capital: El Callao
Superficie: 46.000 Km.2
Población: 38.524 habitantes (O.C.I. 2.005)
Parroquias: El Callao.
Temperatura promedio: 25°C y 32 °C.

Entre el siglo XVIII y el siglo XIX, en El Callao, antes del municipio y antes de los españoles y la colonia, habían indígenas Mariquitare en la zona, pero poco a poco, algunos exploradores, buscando a esclavos escapados, y esos esclavos africanos por cierto estaban en cercanías del río Yuruari y lo usaban de escondite, al ser encontrados, son devueltos a su trabajo, pero gracias a ellos, pudieron encontrar un lugar perfecto para hacer una población, mataron y esclavizaron indígenas de la zona, y fundaron la población de El Callao, con el tiempo, vendrían hechos que harían a El Callao, una población con varias lenguas, africanas, por haber muchos africanos esclavos en esta población, ingleses y franceses por invasiones a territorios españoles, y algunos pocos que hablan español, por estar en un país casi totalmente de habla hispana.

En el Yuruari se encontraron grandes yacimientos de oro, que hicieron a El Callao desarrollarse rápido, hace poco hubo ciertos tratados con varios países del mundo para explotarlo.

El municipio se hace oficial el 7 de diciembre de 1.991. Junto a la creación de la localidad vinieron el escudo y la bandera.

Este municipio es claramente recordado por pobladores y visitantes, no sólo por el oro, sino también porque cada año se convierte en el lugar de encuentro para disfrutar de sus carnavales, donde la mezcla de las costumbres españolas con las venidas de los inmigrantes de tierras como Trinidad y de la Guyana, protagonizan una verdadera fusión cultural que da origen al calipso y los ritmos propios de las parrandas de esta fiesta, en la que se unen el español, el inglés y el papiamento (dialecto de la zona) para conformar cantos que son únicos.

Sitios de interés:

El Callao oro, calipso y carnaval en la cuenca del Yuruari

Al aproximarnos a la tierra del oro y el calipso, comenzamos a observar un paisaje de relieves más abruptos de colinas y lomas pronunciadas que suelen estar asociadas al cinturón de rocas verdes que en él se encuentran. Una vegetación boscosa con suelos que impresionan por el acentuado color rojizo, nos avisa que estamos llegando al pueblo donde según el folklore popular, "un solitario minero, que se encontraba embombao le dio su nombre a El Callao". ìY como no mantener tan valioso hallazgo en silencio! Si es que "embombarse" es coronarse con un rico yacimiento de oro.

La sede capital del Municipio El Callao, flanqueada en su parte norte por el valle del río Yuruari, fue fundada en 1864 en las antiguas tierras pertenecientes a la Misión de San Félix del Cantalicio de Tupuquén, construida por los misioneros capuchinos en 1770, muy cerca de la quebrada de Caratal donde al parecer "los indígenas encontraban a flor de piel pepitas de oro que le entregaban a los misioneros" (Fernández, 1995). Así, cuando el boom estalló en la cuenca del Yuruari, esa parte de la Guayana venezolana comenzó a ser conocida como la tierra del oro, el calipso con su carnaval y, sorpresivamente, del fútbol.

El hallazgo aurífero se le atribuye a un ciudadano brasilero de nombre Pedro Joaquín Ayrey quien en el año 1842, en el sitio conocido como "Paso de los Caballos" avistó la presencia de oro en las arenas del río Yuruari, despertando nuevamente el mito eterno del "Dorado". Esto trajo consigo un vertiginoso crecimiento socio-económico, que implicó el otorgamiento de concesiones de exploración y explotación por parte del gobierno de la época y la incorporación, por primera vez en la historia moderna de Venezuela, de compañías auríferas trasnacionales inglesas y francesas, las cuales marcaron el nacimiento de la era industrial que hoy conocemos.

El anecdotario popular cuenta cómo en El Callao se jugó fútbol por primera vez en Venezuela, al igual que el tenis y el hipismo, deportes introducidos por los "musiúes". De igual modo, mientras a finales del siglo XIX la élite caraqueña sólo conocía el brandy como excentricidad de los grandes gourmet de la época, en El Callao disfrutaban del champagne y del filé de miñón.

Fue ese boom aurífero el detonante para amalgamar, con el correr de los años y el ingreso de obreros negros de origen africano con sus familias provenientes de las colonias inglesas y francesas vecinas, una nueva cultura guayanesa orgullosa de identificarse con ese ritmo contagioso, reflejo de su idiosincracia. "El calipso conocido también como cambulé en este pueblo, conservó los tambores bumbac y la presencia de las madamas en las comparsas, vestidas a la usanza de la Francia aristocrática; luego adoptó el cuatro y el rayo indígena, la fantasía de diablos, del negro pinto y de otros diseños de trajes fastuosos para brindarnos una hermosa expresión folklórica que se extendió por toda Guayana" (Salazar, 2001).

Papel preponderante cumplió en este arraigo cultural la pasión desbordada de la imponente negra Isidora Agnew quien invadía las calles del pueblo con su alegría infinita y su ronca voz al compás del Easter Morning y El Callao Tunai. Isidora fue y seguirá siendo la eterna reina de los carnavales y la enérgica luchadora de las tradiciones y de las causas justas. "Todos buscaban a Isidora porque ella lo abarcaba todo, organizaba las fiestas, dirigía las comparsas y liderizaba los reclamos. Si no había trabajo, hablaba con el Presidente de la República para que funcionaran las minas" (Fernández, 2001).

Junto al recuerdo de Isidora, las madamas relucen con sus llamativos trajes floridos multicolores, fondos de encajes, turbantes, pañoletas y todos los accesorios en oro. Es que hasta la imagen de la Virgen custodiada por la casi centenaria Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, está coronada con diadema de oro y piedras preciosas elaborada por los fieles orfebres del pueblo. La intención es brillar en las hermosas comparsas que recorren al ritmo del calipso, las calles de un pueblo desbordado en turistas cuidadosos de no tropezarse con el "medio pinto", uno de los personajes típicos de esta tradición que tiñen todo su cuerpo con una mezcla de "negro humo", papelón y agua.

Al son de la canción "medio, medio pinto" van amenazando a los visitantes con pintarlos a cambio de dinero. Los que sí no asustan, a pesar de las impactantes y coloridas máscaras de múltiples cachos, son los "diablos", personajes que con látigo y tridente en mano, mantienen el orden dentro de las comparsas cuidando de separarlos del público ávido de integrarse a una forma de ser y vivir propia del callaoense, que infringe una rumbosa algarabía a las festividades del carnaval, las más famosas y tradicionales del Estado Bolívar y a decir de muchos, de Venezuela.

Con sus 17.410 habitantes (Censo 2001), El Callao marca un capítulo extraordinario en la evolución histórico-cultural del Estado Bolívar y en el crecimiento económico de Venezuela, con la explotación industrial del oro. Actualmente, la empresa aurífera estatal CVG Minerven, con una capacidad instalada de 378 mil ton/mineral/año y unas reservas probadas de 99.3 toneladas de oro, tiene a su cargo la explotación y comercialización de las minas subterráneas Sosa Méndez, Colombia y Unión, ubicadas en El Callao.

La llamada veta Colombia es considerada una de las más ricas del mundo, estimándose más de cuatro millones de toneladas de mineral con un tenor de 20 gramos de oro por tonelada de material extraído de la mina. Esta empresa obtuvo una producción de 3.756 kilos de oro refinado en el año 2005 con un procesamiento diario de 886 toneladas de mineral (CVG, 2005).