Domingo, 19 Noviembre 2017

Municipio Heres

Capital: Ciudad Bolívar.
Superficie: 5.841 Km.2.
Población: 338.250 habitantes (O.C.I. 2.005).
Parroquias: Catedral, Zea, Orinoco, José Antonio Páez, Marhuanta, Agua Salada, Vista Hermosa, La Sabanita y Panapana.
Temperatura promedio: 30 °C y 40 °C.

Ciudad Bolívar, conocida por su alto potencial histórico es una de las pocas capitales que se encuentra edificada sobre rocas y al lado del caudaloso río Orinoco.
Se origina gracias a un traslado que se efectúa en el siglo XVIII, desde la población que en 1.595 fundó Antonio de Berrío y la cual se llamó Santo Tomás de Guayana. Su nombre se deriva de la parte más angosta del río Orinoco; de ahí el nombre Angostura, que se cambia el 30 de mayo de 1.846, por el de Ciudad Bolívar, en honor al Libertador.

Ciudad Bolívar ha sido postulada patrimonio cultural de la humanidad ante la UNESCO y declarada Monumento Histórico Nacional. Sus características arquitectónicas y la historia que alberga son motivos para considerarla una de las ciudades más importantes de Venezuela. Sus edificaciones datan del año 1.766 y aún conservan, a pesar de su restauración, su estructura original.

Sitios de interés:

  • Plaza Bolívar.
  • Casa del Congreso de Angostura.
  • Casa San Isidro.
  • Casa Prisión de Piar.
  • Fortín El Zamuro.
  • Antigua Cárcel.
  • Catedral Metropolitana.
  • Museo Correo del Orinoco.
  • Museo de Arte Jesús Soto.
  • Complejo Artesanal "La Carioca".
  • Paseo Orinoco.

Dejando atrás las dos torres de acero venezolano del ahora rejuvenecido Puente Angostura, y sintiendo en la piel el clima caluroso que en promedio suele llegar a 28 °…C; estamos a sólo cinco kilómetros de la capital del Estado Bolívar, la ciudad de 292.833 habitantes (Censo 2001) donde se siente el peso de la historia que esperanzó la victoria patriótica.

A decir del poeta venezolano Pedro Sotillo, recorrer las calles de Ciudad Bolívar es respirar y vivir "un eco de pisadas libertadoras" y es que fue allí, en esas calles alineadas en perfecta armonía con el horizonte orinoquense donde se conjugaron, como refiere el poeta, "las hogueras de sacrificio de la independencia en los días desesperados", gestando los más nobles sueños heroicos que consolidaron las bases de la Tercera República bajo el escenario natural del Orinoco como testigo.

Ciudad Bolívar, capital del Municipio Heres, tiene sus orígenes en la ciudad fundada por Antonio de Berrío el 21 de diciembre de 1595, día de Santo Tomás Apóstol, según nos cuenta el historiador guayanés Manuel Alfredo Rodríguez en su obra "La Guayana del Libertador"; en ese hermoso recodo del Orinoco donde aún perviven las dos fortalezas conocidas como "Los Castillos de Guayana la Vieja", ubicadas al noreste del estado: el Castillo de San Francisco de Asís construido entre los años 1678 y 1684 sobre una enorme roca y el Castillo de San Diego de Alcalá erigido en 1747. Pero los continuos asaltos de los aventureros y piratas ambicionando el Dorado, obligaron a mudarla en varias ocasiones para asentarla finalmente el 22 de mayo de 1764, en "una colina de esquistos anfibólicos sin vegetación", como la describió Humboldt, en la parte más angosta del río Orinoco, de ahí su nombre de Santo Tomé de la Guayana de la Angostura del Orinoco o puramente Angostura, hoy Ciudad Bolívar.

Un cerro rocoso de mineral negro, fuertemente calentado por los rayos del sol, erigido a 38 msnm que fue atrayendo excepcionales obreros de vena artística que la moldearon con piedra y barro hasta convertirla en lo que es hoy: Monumento Público Nacional, según decreto de 1976, y lo que esperamos sea en un futuro Patrimonio Cultural Mundial. Ciertamente, la "Libertad" como máximo patrimonio anhelado por nuestro mundo deja de ser aquí palabra para convertirse en urbe, en aire que sólo puede respirarse a fondo, en azul sobre techos de tejas que parecieran estar volando a ras del cielo, en amarillo de sol total que va cocinando los corazones lentamente, como en baño de maría, al compás del tiempo en que se forma la naturaleza.

Es en este montículo fortificado conocido como Casco Histórico donde nos hierve la "corriente vital de la Patria", andando por esas calles que cuentan cómo desde la Plaza Bolívar, otrora Plaza Mayor, el Libertador proclamó a Ciudad Bolívar capital de la nueva República en 1817, año en que el General Manuel Piar liderizó, en palabras del propio Libertador, "el más brillante suceso que hayan alcanzado nuestras armas en Venezuela", al liberar a Guayana del control español en la homérica Batalla de San Félix.

Irónicamente, en esta misma plaza liberada por su espada gloriosa murió fusilado el 16 de octubre de 1817 el héroe de Chirica tras hallarlo culpable de los delitos de desobediencia, deserción y conspiración, un Consejo de Guerra instruido por el Libertador Simón Bolívar. Aún hoy, cuando ingresamos a la estrecha celda, ubicada en la actual sede de la Dirección de Patrimonio Histórico, donde estuvo prisionero 18 días, podemos sentir la inmensa soledad del hombre que en su delirio gritó al Hijo del Padre: "Hombre salvador, esta tarde estaré contigo en tu mansión. Ella es la de los justos, allá no hay intrigas, no hay falsos amigos…Tú redimiste al hombre y yo liberté a este pueblo, ìQué coincidencia!".

Actualmente, encontramos un monumento a Bolívar y cinco figuras que representan los países libertados: Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela. A cuatro cuadras de esta plaza encontramos la apacible Plaza Miranda desde donde apreciamos una vista del Fortín del Zamuro construido en lo alto del cerro del mismo nombre en un área de 5 hectáreas, hoy convertido en parque. Aquí se escenificó la Batalla de Ciudad Bolívar que sepultó las escaramuzas de la Guerra Libertadora de 1903.

Alrededor de la también llamada Plaza del Martirio, bautizada así luego del fusilamiento más cuestionado de la gesta independentista, permanecen como testigos silentes del sobrevenir histórico, la Casa de los Gobernadores, la Catedral dedicada a Nuestra Señora de Las Nieves patrona de la ciudad, la Casa de la Real Intendencia y la Casa del Congreso de Angostura. Fue en esta última donde el Libertador pronunció el discurso inspirador necesario para emprender la campaña libertadora de la victoria. A juicio del acucioso periodista e historiador Américo Fernández "más que un simple discurso", el mensaje del Libertador, aquel 15 de febrero de 1819 con la instalación del segundo Congreso de la República de Venezuela, "sepultó a sus enemigos e infirió un golpe mortal al poderío de España. Desde Angostura, Bolívar partió entonces seguro hacia la libertad de América".

En aquel salón de siete ventanas, expuso su proyecto de Constitución basado en los más nobles principios de la justicia, la moral, la paz, la igualdad y la libertad para signar el gobierno popular que debía imperar, enemigo de la corrupción, la anarquía y la culpa. "El sistema de Gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política" (Simón Bolívar). Pensamientos que expresaban los más altos ideales para una patria que comenzaba a desterrar el yugo colonizador y que fueron escritos para orgullo del gentilicio bolivarense en la Casa de San Isidro, ubicada al final de la arborizada Avenida Táchira. Esta típica casa campestre de la época colonial perteneciente a la familia Cornieles Vélez, que ostentaba un hermoso árbol de tamarindo donde el Libertador amarraba su caballo, albergó al Padre de la Patria entre los años 1818 y 1819.

Entrar a este recinto, luego de dejar atrás la agitada vida citadina actual, es conectarse con un pasado inmortal, es dejarse absorber por los pensamientos bolivarianos que impregnaron cada espacio de esta solariega vivienda que inspiraron de algún modo al Libertador en su memorable mensaje de Angostura. Sobre el centenario tamarindo, ya extinto, escribió el poeta guayanés Héctor Villalobos una oda que recoge este momento de genialidad: "…Estuvo aquí su rápida escritura, trazaba aquí mensaje de Angostura, que era ya clara página de la historia. Tal vez el labio, el fruto probaría y acaso en su sabor presentiría el regusto agridulce de la gloria".

Una obra gloriosa que tuvo como vocero al Correo del Orinoco, órgano periodístico que nació por voluntad del Libertador para constituirse en la "artillería del pensamiento" y que encontró en la familia Cornieles Vélez el servidor necesario para instalar en uno de sus inmuebles -actual Museo de Ciudad Bolívar-, la imprenta traída desde Trinidad en 1817 para editar el primer periódico libre de Venezuela y paladín de la gesta emancipadora, bajo las manos del tipógrafo inglés Andrés Roderick. Este instrumento considerado por algunos como el más eficaz de la diplomacia libertadora acuñó en su editorial el ideario republicano: "Somos libres, escribimos en un país libre y no pretendemos engañar al público".

Bolívar dejó para siempre suelo angostureño la nochebuena de 1819 dejando una historia marcada por días memorables, lo que determinó que el 31 de mayo de 1846 se cambiara la designación de Angostura por el de Ciudad Bolívar. De aquel nombre sólo quedó el Puente que nos une y el famoso "Amargo de Angostura", una bebida de raíz indígena creada por el médico alemán Juan Teófilo Siegert desde 1830. Sus oscuras gotas de exquisito sabor y olor aromático, son el perfecto ingrediente final para sopas, ensaladas, postres y la famosa bebida "cuba libre", además de sus consabidas propiedades medicinales. Aunque fue creada en la otrora Angostura, la fábrica fue mudada a la isla de Trinidad y Tobago desde donde sigue atrayendo con su singular aroma a propios y extraños.

Fue en aquella Angostura donde permanecieron 26 días los naturalistas Humboldt y Bonpland curándose de la malaria con miel y extracto de quina del Caroní. Al arribar el 14 de junio de 1800, Humboldt no pudo menos que expresar su satisfacción al desembarcar en Angostura luego de sortear toda clase de incomodidades a lo largo de su expedición científica signada "…bajo un cielo ardiente, rodeados de un enjambre de mosquitos…", para contrariamente encontrar, desde lo que hoy conocemos como el Mirador Angostura, la altísima exposición de los colores del río Orinoco, de pájaros, árboles, curiaras, de los vestidos de las comadres y las lavanderas del río, de los dulces caseros sobre las cabezas de las vendedoras del centro, que llegan a sobresaturar el paisaje cuando contrastan con las fachadas de las casas pintadas de todos los matices.

Moradas tan antiguas como la Casa de las Doce Ventanas donde vivió el prócer de la independencia José Tomás Machado y que hoy encontramos tan señorial como antes en el Paseo Orinoco, pero ahora destinada a la noble misión de formar a las futuras generaciones de bachilleres desde que en 1989 fue dada en comodato a la Universidad Nacional Experimental de Guayana. Casi enfrente, a orillas del Paseo Orinoco hallamos una hermosa capilla donde celebran las fiestas de la Cruz de Mayo, una tradición que inició la devota lavandera del río, Julia González quien prometió en los años 30, erigir una capilla a la Cruz del Perdón a cambio del milagro de protegerla de las continuas inundaciones del Orinoco. Un favor concedido para beneplácito de aquellos que cada mayo se acercan hasta la capilla, festejando su fe entre parrandas, galerones y el tradicional carato de moriche.

La edificación que sorteó toda clase de inundaciones y otras refriegas -sin favores de ningún santo- fue la Cárcel Vieja de Ciudad Bolívar que ya existía para 1886 cuando la ciudad vio pasar la "Revolución de los Azules", según consta en los escritos de Tavera Acosta, y luego en 1902 soportó los embates de los proyectiles lanzados por los vapores de guerra "Restaurador" y "Bolívar" durante la Guerra Libertadora. Felizmente, hoy la Cárcel Vieja es un espacio destinado a la Secretaría de Cultura del Ejecutivo Regional, aunque en sus paredes sigue albergando las historias escritas bajo las bravías aguas del Orinoco.

Desde este mirador orinoqueño imaginamos el activo puerto fluvial que ostentaba Ciudad Bolívar desde los tiempos de la colonia hasta la primera mitad del siglo 20, dejando las huellas de lo que fue una época de fructífero intercambio comercial con Europa. La historiadora Hildelisa Cabello refiere que "el 7 de agosto de 1792 se permitió la salida de frutos no sólo de Guayana sino también de otras provincias por el Puerto de Angostura" una apertura que a su juicio, incrementó el comercio con las colonias extranjeras. Por su parte, la publicación "El Cojo Ilustrado" del primero de agosto de 1894, describe a la Ciudad Bolívar de entonces, "como ciudad archimillonaria por su comercio, por la agitación casi europea con que el trabajador fecunda su fortuna".

Oro, sarrapia, pendare, corteza de quina, plumas de garza, ganado en pie y tantos otros productos, se exportaban hacia los más importantes puertos mundiales, ejemplo de la ciudad activa y comercial de otros tiempos. Durante los años 1955 y 1966 llegaban al puerto de Ciudad Bolívar cuatro buques de nacionalidad holandesa al mes, siendo el "Alcoa Rommer" el último en atracar el 8 de julio de 1966, desde entonces "varias unidades del Comando Fluvial José Tomás Machado así como el mercado de La Zapoara y el Club Náutico Orinoco tratan de darle vida de alguna forma" (Fernández, 2006).

Sin embargo, revivió en el año de 1973 con la pasión de un grupo de lancheros por las competencias náuticas que encontraron en las turbulentas aguas del Orinoco la oportunidad de demostrar que hoy como ayer "Nuestros Ríos son Navegables". Así, con este mismo lema convertido en asociación cultural, Peter Tejera y Fernando Capriles, entre otros, dieron vida no sólo al puerto de Ciudad Bolívar sino también a la competencia de navegación fluvial más extensa y de mayor envergadura en el ámbito nacional e internacional, demostrando la posibilidad de surcar el eje Orinoco-Apure. Cada año zarpa de un puerto distinto porque para los organizadores del rally existe sólo una misión: Promover el valor de las potencialidades de los ríos venezolanos fomentando el deporte, turismo, cultura, integración, protección de los recursos naturales, tradiciones y hermandad entre la gran familia "rallysta" y los habitantes de los pueblos ribereños del Orinoco: Cabuyare, Capanaparo, El Jobal, Suapure, La Urbana, Piedra Parguasa, Puerto Carreño, Puerto Ayacucho, El Cinaruco, Caicara, el Caura, Maripa, Santa Cruz, Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz.

Un recorrido de 1.979 kilómetros que, tal como ellos mismos relatan, se realiza en los días y noches cumbres de la décima luna llena del año, a fin de aprovechar los ríos en su máxima crecida y navegar sobre aguas calmadas y profundas. ¿Será también por efecto de la luna, las lágrimas que brotan desde lo más alto de la Piedra Parguaza en el estado Amazonas? Habrá que aventurarse el año próximo para constatar esta leyenda que surca el rally más largo del mundo.

Leyendas como las del monstruo del Orinoco que no sólo suceden en la décima luna llena, sino cada vez que observamos a la cautivante Piedra del Medio, llamada por Humboldt Orinocómetro, una especie de medidor natural que permite con una fugaz mirada conocer la altura alcanzada por el río, según haya sido la época del año. Con la Piedra del Medio como testigo, los registros llevados a cabo por el Ministerio del Ambiente durante 79 años (1926-2005) señalan que la cota mínima histórica observada frente a Ciudad Bolívar fue de 1,58 msnm, registrándose el 17 de marzo de 1959, durante la temporada seca, para un caudal de 2.135 m3/seg.; mientras que con el ciclo lluvioso, el río se desborda de tal forma que el máximo histórico registrado fue de 18,03 msnm, el 18 de agosto del año 1943, para un caudal de 87.528 m3/seg.

Sobre esta enigmática piedra se han tejido leyendas populares que narran la existencia de un monstruo que atraía toda clase de navío que intentara llegar a ella. Una atracción que llevó al barco del Instituto Oceánico de la Universidad de Oriente a realizar investigaciones en la mágica piedra encontrando en sus alrededores, no al monstruo, sino una inmensa fosa de 150 metros bajo el nivel del mar y otra muy cerca del Puente Angostura de 60 metros de profundidad. ¿Será la cueva?

Lo cierto es que con monstruos o sin ellos, en agosto el ánimo del bolivarense se transforma. En esta época, las aguas crecidas del Orinoco son un presagio de la gran fiesta pesquera que cada año esperan, con un tradicional entusiasmo, los habitantes de esta tierra generosa que se aglomeran a lo largo del Paseo Orinoco para participar de uno de los espectáculos más populares y representativos del jolgorio bolivarense. La Feria del Orinoco, con su pesca de la zapoara, retumba en los corazones de locales y foráneos convencidos de quedar atrapados en la atarraya de las guayanesas al comerse la cabeza del pez, leyenda inmortalizada al ritmo del merengue por el compositor margariteño Francisco Carreño y narrada por el escritor Rómulo Gallegos en su máxima obra literaria Canaima.

La zapoara (Semaprochilodus laticeps) tiene una forma hidrodinámica que le permite realizar largos movimientos migratorios durante los meses de julio y agosto, tiempo durante el cual salen en forma abundante de las lagunas rebalseras y comienzan a remontar el Orinoco desde San Félix hasta Ciudad Bolívar, alertando a los pescadores de su venida. De ahí que muchos la consideren "puramente bolivarense", pero en realidad las investigaciones realizadas indican que esta especie habita a lo largo y ancho del canal principal del río Orinoco, en los caños y áreas de inundación, identificándose la migración masiva frente a Ciudad Bolívar (Novoa, 1982). Es un pez de colorido vistoso, el negro azulado en el dorso, el plateado en el resto del cuerpo y sus aletas pinceladas en rojo y naranja destellan al caer los rayos del sol en aquel Orinoco inmenso, haciendo avivar la atarraya de los pescadores ansiosos que se aglomeran en el malecón de una Ciudad Bolívar esperanzada por obtener el mejor ejemplar.

"Me gusta comer las primeras zapoaras de la temporada", decía con entusiasmo el célebre músico y compositor bolivarense de proyección internacional Antonio Lauro, cuando sentía que la ciudad reclamaba su presencia. El maestro de los maestros, "el Strauss de la guitarra" como lo bautizó el compositor inglés John Williams, nació un 3 de agosto de 1917 en una sencilla vivienda del casco histórico, hoy convertida en el Museo Antonio Lauro. La zapoara ha sido también musa inspiradora de reconocidos poetas y trovadores que a través de sus cantos y sonetos, le rinden un tributo popular al pez más famoso y esperado del Orinoco. La pieza popular Pesca de Zapoara escrita por Raúl Umanés, con música del nativo cuatrista Hernán Gamboa, es una alabanza que refleja el sentir bolivarense por esta tradición: "El gentío bullanguero se asoma hasta el malecón, gritando a los curiareros con su trémula emoción: ìA tres voy el tarrayazo, si es poco te pago en ron! y se cuajaron las redes de plata bruñida y sol, y el pueblo comió ese día su más sabrosa ración".

Y cómo no deleitarse con una zapoara rellena de casabe adobado, uno de los platos más tradicionales que junto al pastel o carapacho de morrocoy, el sancocho de lau-lau o el de morocoto salpreso y el rayao orinoquense en escabeche, hacen las delicias de los paladares más exquisitos, encontrando en el Mercado La Carioca las mejores muestras de la gastronomía bolivarense que se acompañan con los dulces como el merey pasado, el mazapán, turrones de coco en variados colores, el cristal y la pasta de guayaba, el dulce de lechosa, la jalea de mango y se termine brindando con un ponche crema guayanés y un añejado licor de ponsigué.

Agosto es abundancia para los bolivarenses, es esperanza de un pueblo puesta en la más jugosa de las cosechas y es también sonidos y colores que alegran el alma para festejar su Feria del Orinoco, al son de los hijos ilustres que Ciudad Bolívar ha visto nacer. Muchos son los que "hacen su agosto" en estos tiempos de bonanza zapoareña. Fue en este mes del año 1971 cuando brillaron las cuatro voces quijotescas que integran el grupo Serenata Guayanesa, fieles exponentes del canto popular y de esas aclamadas melodías recopilatorias del sentir bolivariano: Este Niño Don Simón, El Sapo, Easter Morning, La Pulga y El Piojo, La Zapoara y tantas otras que han inspirado aplausos y reconocimientos al folklore venezolano. Con Serenata Guayanesa se redimen las olvidadas coplas surgidas del compositor popular Alejandro Vargas creador de los aguinaldos La Barca de Oro y Casta Paloma, piezas musicales convertidas hoy en canto nacional. Nacido el 13 de noviembre de 1892, el juglar de Angostura, conocedor del oficio pesquero, además de otros 25 aguinaldos, valses, pasajes y joropos, compuso La Zapoara, guasa popularizada luego por el cuarteto serenatero.

Alejandro Vargas se hacía acompañar de su vieja guitarra brasileña que tocaba "como los dioses", para cantar con distintas modulaciones y diversidad de ritmos, las sensibles estrofas que tocaban el corazón de su pueblo angostureño. El propio compositor y uno de los cuatro integrantes de Serenata Guayanesa, Iván Pérez Rossi cuenta cómo a sus ocho años de edad escuchó por vez primera los aguinaldos del "Negro Vargas", en las tradicionales veladas decembrinas que recorrían los "aguinalderos" de casa en casa, desde la Plaza Miranda "para bajar luego por la Calle Carabobo en dirección hacia el río, hasta las Escalinatas". Esta última, conocida como La Escalinata del Campanario, fue construida en 1926 y subirla es un reto para todo turista que quiera llegar hasta el último de sus peldaños sólo para recrearse en una de las mejores vistas del Orinoco, sumidos en los sonidos del viento.

La música, como expresión del alma, siempre acompaña las vivencias de la cotidiana existencia del ser, y fue en ese estudio del lenguaje musical donde el genio del cinetismo mundial encontró las respuestas a sus más íntimos sueños de crear, tal como lo reveló el propio maestro Jesús Soto, "una obra al infinito, una obra abierta cuyos límites podían estar en todas partes y en ninguna al mismo tiempo". El maestro Soto, el hijo humilde que correteaba por la calle Santa Ana de aquella Ciudad Bolívar donde nació el 5 de junio de 1923, comprendió el funcionamiento de la música serial, "para mí era mucho más fácil", decía con esa voz apacible…serena, que invitaba sólo a escucharlo. Claro, el Soto músico, el de la guitarra ensoñadora que le permitió subsistir en el París de los años 50, encontró sus respuestas en el lenguaje universal, como Alejandro Vargas, Serenata Guayanesa, Antonio Lauro, Héctor Guillermo Villalobos…y tantos hijos ilustres de esta tierra bendita.

Por eso decidió "aplicar esa noción de lo permutable a un elemento esencialmente pictórico: el color". Así, el uso de los colores primarios, los tres secundarios, el blanco y el negro están presentes en su obra con una "elemental pureza" -expresaba la poetisa guayanesa Luz Machado-, buscando penetrar al espectador para que sea éste quien construya y sienta esa "vibración", esa interconexión con el fenómeno cinético.

"La música soy yo" exclamaba Beethoven y Soto nos invita a ser parte de su obra. A finales de los 60 creó los "Penetrables", la inmortal creación de hilos suspendidos de plástico flexible y otro de metales, que nos obligan a tener todos los sentidos puestos en el espacio, alterándolo según sea nuestra curiosidad. La genialidad del maestro universal del cinetismo se quedó para siempre en su ciudad natal, en los amplios salones del Museo de Arte Moderno Jesús Soto y en la ondeante Bandera que nos identifica como estado, con su amarillo oro, el verde bosque y el azul río que se conjugan en las ocho estrellas gloriosas de la patria libre.

Noticias Parques Nacionales

El domingo se debe adelantar media hora el reloj. (1/05/2016)

Reloj Hora 12 190Venezuela regresa al huso horario UTC - 4:00, correspondiente a Punta Playa en Delta Amacuro, por lo que se deben ajustar los relojes. Los celulares y computadoras se actualizan solos.

Este primero de mayo,  a la madrugada, Venezuela volverá a su antiguo huso horario (UTC -4:00) por lo que los ciudadanos deberán adelantar el reloj media hora.


Se agudiza el conflicto por el Esequibo

esequibo180Hace décadas Venezuela y Guyana mantienen un diferendo sobre el territorio Esequibo. El diferendo se ha agudizado después del descubrimiento de petróleo en aguas de este lugar. Por una parte el reclaml de Venezuela está avalado por las Naciones Unidas, tras el el acuerdo de Ginebra en el año 1966. Este tratado entre otros puntos asegura que el Esequibo no debe ser explotado. Sin embargo el gobierno de Guyana haviolado en 15 ocasiones este tema.




Cuba dependerá de EEUU

Banderas Cuba USACon embargo o sin él, la dependencia económica de la Cuba castrista de EEUU será cada vez mayor.

Independientemente de si el Congreso de Washington levanta el embargo comercial y financiero o no lo hace, Cuba tendrá una dependencia económica de EEUU tan grande o mayor que la que tuvo de la Unión Soviética y de Venezuela.
Tal maridaje económico con el "enemigo imperialista" será inevitable, en la medida en que se agrave la crisis en Venezuela y el precio del petróleo no regrese a los niveles de 90 y 100 dólares el barril, algo totalmente improbable según los expertos en materia energética.